Por qué hay países condenados a la pobreza durante siglos y otros que despegan en una generación. Por qué la respuesta, cuando la hay, suele tener más que ver con la religión y las instituciones que con la geografía o los recursos.
Llevo unos años con una pregunta dándome vueltas, y al final me he decidido a tomármela en serio. Va a salir libro. Mientras tanto, este post es el primer aviso público.
La pregunta
Cuando viajas con la cámara colgada del cuello por sitios como Uganda, Etiopía, Filipinas, Tailandia o Indonesia, te acabas haciendo siempre la misma pregunta, aunque no la formules: ¿por qué este país vive como vive y aquel otro de al lado vive distinto? A veces la diferencia es brutal: dos países vecinos, separados solo por una frontera y unas décadas de historia, divergen una barbaridad en renta, salud, esperanza de vida.
La explicación cómoda es siempre la de turno: colonialismo, recursos naturales, geografía, la lluvia. Cuando empiezas a leer en serio descubres que ninguna de esas explicaciones cuadra del todo. Hay países sin recursos que son ricos (Suiza, Singapur, Israel, Mauricio). Hay países llenos de recursos que son pobres (Venezuela, Nigeria, Congo). Hay vecinos que partieron iguales y divergieron sin explicación geográfica (las dos Coreas, Chequia y Eslovaquia, Polonia y Bielorrusia).
A finales del año pasado caí en una madriguera lectora. Empecé con Por qué fracasan los países de Acemoglu y Robinson, que les valió el Nobel de Economía en 2024. De ahí salté a La riqueza y la pobreza de las naciones de David Landes. Y de ahí, casi por accidente, a un autor que me cambió el marco mental: Joseph Henrich, antropólogo de Harvard que en The WEIRDest People in the World (2020) sostiene que la psicología occidental, base del capitalismo moderno, fue parida no por Lutero sino por la Iglesia católica medieval, cuando prohibió el matrimonio entre primos en el siglo VI y desmanteló de paso los lazos de parentesco intensivo que dominaban toda Europa.
A partir de ahí ya no pude parar. Timur Kuran explicando por qué el mundo islámico fue el más rico del planeta durante ocho siglos y luego se quedó parado. Maristella Botticini y Zvi Eckstein demostrando que la ventaja económica de los judíos no vino de la persecución, sino de una decisión rabínica del año 70 d.C. Sascha Becker y Ludger Woessmann demostrando con datos prusianos que la ventaja protestante que Weber atribuyó a la «ética del trabajo» en realidad fue una ventaja de alfabetización (la gente que aprendía a leer la Biblia, sin querer, aprendía a leer todo).
Y así.
Lo que descubrí
Lo que descubrí es que existe un debate académico fascinante sobre la relación entre religión, instituciones y desarrollo económico, y que ese debate apenas llega al lector en español. Lo que llega son apologéticas religiosas o ataques anticlericales. Pero el debate real —el de los economistas de Harvard, Princeton, Duke, Northwestern, Bocconi— es muchísimo más matizado e interesante.
La hipótesis con la que me quedé, simplificada en exceso: la religión rara vez actúa en la economía como mística. Casi siempre actúa como institución. Cuando esas instituciones evolucionan, se modernizan o se neutralizan, el país prospera con independencia de la fe de sus ciudadanos. Cuando se petrifican —como hizo el Líbano con su Pacto Nacional confesional de 1943, como hizo España con sus mayorazgos del XVI, como hicieron los otomanos con su derecho de waqf— el país se hunde aunque siga siendo creyente, secular, plural u homogéneo.
No es una idea nueva. Es lo que vienen diciendo Acemoglu, Henrich, Kuran y compañía desde hace años. Lo nuevo, si algo, sería contarlo bien para alguien que lee en español y que no quiere ni una clase magistral aburrida ni un panfleto.
El libro
He empezado a redactar un libro divulgativo sobre el tema. Dios y el Dinero. Cómo las religiones moldearon la riqueza de los países, desde Weber hasta hoy. Dieciocho capítulos, en cinco partes: la pregunta y los abuelos del debate; las cinco grandes familias religiosas como banco de pruebas; un capítulo comparativo sobre ciudades-estado multirreligiosas (Singapur, Mauricio, Hong Kong y Líbano); la frontera del debate (Henrich, Acemoglu, McCloskey); y el ángulo hispano, que la literatura anglosajona casi no toca: España, América Latina, la Inquisición, el evangelio de la prosperidad.
Falta un trecho largo. Pero está empezado, y no quiero esperar a que esté terminado para hablar de él.
El Substack
Para no encerrarme en el ordenador hasta sacar el libro (eso son uno o dos años), he abierto un Substack semanal: Dios y el Dinero. Cada lunes a las 8 de la mañana publico una entrada nueva. Es el cuaderno público mientras escribo el libro: un país, un dato, una tesis académica, cada lunes.
La primera entrada salió esta semana y se titula Cuatro ciudades, cuatro destinos. Compara Singapur, Mauricio, Hong Kong y Líbano —cuatro territorios pequeños con composición religiosa diversa que partieron de condiciones similares y divergieron salvajemente—. Tres triunfaron, uno se hundió. La diferencia no estuvo en la diversidad religiosa. Estuvo en la institución que se construyó encima.
Las próximas: por qué la «tasa hindú de crecimiento» no era hindú, qué tenía razón Weber y qué no, cómo Erdoğan se rindió a la economía en 2023, por qué Filipinas católica es más pobre que Vietnam comunista, y por qué Israel contiene el laboratorio vivo más extremo del libro.
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Por qué cuento esto
Porque empezar un libro en silencio durante dos años y luego salir con él de golpe es la fórmula clásica para fracasar como autor en 2026. Hoy la gente quiere ver el proceso. Y a mí, además, escribir en público me obliga a pensar mejor: si voy a publicar cada lunes algo que aguante la mirada de un lector, no me puedo permitir dejar las ideas a medias.
Así que aquí estamos. Si lo tuyo es la fotografía o el voluntariado o la informática y has llegado a este post por casualidad: no te asustes, esto sigue siendo mi blog personal. Lo que pasa es que ahora también escribo sobre religión y economía. Las cosas que hace uno cuando se aburre de hacer siempre las mismas.
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Hasta la próxima.











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